Argentina a caballo, un sueño de 9000 kilómetros

La región noroeste de Santa Cruz, recibió a un bonaerense conocedor del arte ecuestre, amante de las largas distancias y de la hospitalidad de nuestra gente, quien decidió hacer realidad su anhelo de niño: recorrer la Argentina en sus tres “pingos”.

Desde principios de septiembre de 2020 el ingeniero agrónomo Marcos Villamil, un bonaerense de 28 años, busca concretar su sueño de siempre: recorrer la Argentina a caballo.

La historia de Marcos Villamil con los caballos, comenzó en el campo familiar de General Alvear, donde aprendió desde muy chico a cabalgar y sobre el arte de la doma. “A los 18 años hice la primera cabalgata de 300 km. Me salió todo mal: Perdí la billetera el primer día, así que estuve como cinco días casi sin comer, pero aprendí muchísimo”, recuerda el jinete entre risas. En el 2014, junto a dos amigos, pudo recorrer unos 1 mil kms dentro de los límites bonaerenses. Ahí le “picó el bichito” de cabalgar nuestro país y todo lo trae eso: “pedir permiso en los campos, conocer las personas, que te reciban en las casas”. Villamil cree que uno de los desafíos de su periplo es “recorrer realmente el camino y no que sea un estorbo entre uno y el destino, sino que sea parte del viaje, con los olores, los sonidos, pausar un poco más”.

Para el jinete, “los caballos son mi familia. A ‘Mora’ la compramos hace ya 11 años, pero a ‘Waira’ y al ‘Tordo’ los crié. Nacieron en el campo, en el Centinela, en Gral Alvear”. Los conozco, ellos me conocen. Las personalidades de ellos… Morita es increíble, un temperamento que busca siempre estar adelante. Waira no se mosquea, siempre tranquila y acompaña. Y el Tordo es un gordo lechón que solo piensa en comer. No se hace drama con nada, es un campeón”, los describe Villamil.

Un encuentro en el Parque Patagonia

De los 9.000 km que tiene previsto, ya lleva recorrido unos 3100. Al momento de realizar esta entrevista, Villamil se encuentra en inmediaciones del lago Posadas, al noroeste de San Cruz. En el Portal La Ascensión pudo hacer un alto en su camino, descansar, cambiar herraduras y seguir. “Me faltarán 10 u 11 meses más. De acá voy a Ushuaia y de ahí me voy a La Pampa en flete. De ahí subo hasta la Quiaca y bajo por el litoral. Tenemos mucho para andar”.

“La Patagonia nos enseñó a frenar e ir más tranquilos, disfrutando de la inmensidad. Es una etapa más áspera, demanda más temple, aprender a dosificar energía. Es una experiencia única. Nadie me corre. Entendí que detrás de un gran logro, hay un gran sacrificio”.

Durante el trayecto de Santa Cruz, notó que “la gente habla menos. Quizá sea por efecto del viento”, dice el jinete. También se encontró con un ritmo distinto, con “gente más solitaria” y que a lo largo de la travesía fueron abriendo sus puertas para cobijar el descanso del viajero. “Lo lindo es ver que te reciben, abren las puertas y te dan lo que tienen para dar, eso es increíble. A mi me llena de orgullo y me llena el alma”.

Así fue que en el tramo cordillerano hubo tiempo de compartir un asado con el baqueano Pablo Myburg del “El Buen Samaritano”, el emprendimiento de paseos a caballo en Los Antiguos, quien ofició de guía para que Villamil retome la huella.

“Salimos de La Ascensión, conseguimos permiso para cortar camino por la Estancia Aurora” nos cuenta Myburg. El tramo largo que emprendió Villamil hasta El Calafate lo encontró con el río Los Antiguos y la inigualable belleza de la ruta 41

Villamil espera que su viaje también sirva para incentivar a conocer nuestro país. “Salir un poco del cemento, encontrar esta Argentina que nos está esperando, que también tenemos que conocerla, cuidarla, mimarla. Me parece que está bueno tener más presente los lugares que tenemos y salir a ‘turistearlos”.

“Sentirse realmente ciudadano de nuestro país y no solamente de la zona de donde uno es. Saber que uno puede ensillar y arrancar nomas, que tenemos gente de primera que le abre las puertas a uno, le ofrece lo que tiene, es increíble eso. y después, los paisajes que tenemos, son increíbles”.

Lo de Villamil no queda solo en un desafío personal. Tiene claro que su derrotero es, también, una forma de contar cómo somos. “La comunicación se centra más en lo negativo y me dije, tantas buenas cosas que tenemos en esta Argentina de camino de tierra, de mirada tranquila, de familias que reciben, voy a comunicar desde mi lado”.

La ruta de viaje de Marcos Villamil puede seguirse desde instagram en @abrazarte.argentina

 

FUENTE: Agencia Ambiental